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Vandana Shiva es conocida por sus críticas contra la globalización y contra los alimentos manipulados genéticamente. En reconocimiento a sus acciones con el movimiento ecofeminista, en 1993 le concedieron el Premio Nobel Alternativo.

Nació en Dehra Dun (Uttaranchal) y durante los años 70 participó en el movimiento chipko junto a otras mujeres. Realizaron una denuncia ecologista para impedir la tala indiscriminada de bosques abrazándose a los árboles.

En 1982 creó en Nueva Delhi la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica (Research Foundation for Science, Technology and Ecology) de la que es directora. Esta institución impulsa iniciativas como la difusión de la agricultura ecológica, el estudio y mantenimiento de la biodiversidad y el fomento del compromiso de las mujeres con el movimiento ecologista.

Esta perspicaz mujer es polifacética; física, filósofa, activista y escritora. Gracias a sus conocimientos ha difundido alternativas cercanas a la naturaleza que deben ser puestas en marcha para crear sistemas de vida más humanos. Además, ha dado voz a los agricultores y defiende la diversidad como la solución para las crisis políticas de la intolerancia, las crisis ecológicas de la no sostenibilidad y las económicas de la exclusión.

Es una mujer vital y valiente que no duda en señalar al sistema capitalista como el causante de la pobreza que se extiende cada vez más por el planeta. No le tiembla la voz al culpar a las multinacionales Coca-Cola o Monsanto y a las instituciones que actúan al servicio de ellas; el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio.

Es incansable en sus denuncias y queda patente en las entrevistas. Ella expone que son las agencias de los gobiernos y las corporaciones quienes nos hacen creer que la riqueza es el resultado de la privatización de los recursos. Sin embargo, manifiesta que estamos comprando todo a un precio más alto sin tener en cuenta que la agricultura orgánica nos proporciona productos menos costosos (al prescindir de la compra de nuevas semillas, fertilizantes, pesticidas, maquinaria, etc.) y de mayor calidad.

En su país el modelo económico que se está imponiendo está generando mucha violencia contra los campesinos que desean mantener sus sistemas sostenibles. Las multinacionales y las instituciones como el Banco Mundial han obligado al gobierno de la India a reducir los subsidios que permitían que funcionara la distribución de los alimentos.

Así, las tierras son apropiadas a un precio inferior a su valor y no existen leyes laborales ni normas medioambientales que ayuden a preservar el ecosistema y a defender los derechos de los campesinos. Aproximadamente, 270.000 agricultores endeudados se han suicidado al ver cómo les arrebataban la única forma de vida que conocieron.

El 80% de los beneficios de la producción va a las grandes industrias alimentarias y los agricultores obtienen menos del 4% de su trabajo. De la India se exportan 60 millones de toneladas que las grandes corporaciones califican de excedente, no obstante la gente se está muriendo de hambre en el país.

Tras la Revolución Industrial y la fabricación de productos químicos para las guerras, la producción de alimentos fue modificada porque estos elementos químicos comenzaron a utilizarse en la agricultura (pesticidas y herbicidas). Se abandonó el sistema tradicional de cultivo y se extendieron los monocultivos de explotación que requerían mayores costes de producción por la necesidad de comprar nuevas semillas, abonos y pesticidas cada temporada. Esto sucedió porque comenzaron a distribuirse las primeras semillas híbridas que se debían reemplazar cada período por su falta de vitalidad; lo que suponía que las multinacionales pudieran privatizar y controlar así la venta de semillas.

En 1995 la Organización Mundial del Comercio implantó un cambio en la legislación mundial que permitía patentar microorganismos y procesos microbiológicos ya existentes. Esta es la reforma legislativa que posibilita la modificación genética de una semilla y que se convierte en una amenaza para la diversidad y la libertad de los agricultores.

La multinacional Monsanto es la mayor empresa de semillas del mundo. En sus inicios se dedicó a fabricar los químicos que se emplearon en la guerra de Vietnam. Y, en la actualidad han creado un gen resistente a los efectos tóxicos de los herbicidas que la propia compañía había vendido durante los años 80 por todo el mundo. Además, dominan la ingienería genética con la que implantan genes de virus a las plantas de las que se extraerán los alimentos que comemos.

Monsanto tiene el control del 95% del algodón de la India y es dueño del 97% de las semillas transgénicas en cualquier lugar del mundo. Se valen de la creación de semillas estériles, la compra de todas las empresas de simientes y las leyes de patentes asociadas al cobro de royalties; para establecer así una dictadura en la que los consumidores no tenemos la opción de alimentarnos con comida sana.

Todas las culturas tradicionales se han basado en la idea de que nuestra razón de ser en la Tierra es cuidar de la vida y su diversidad. Los agricultores nos han proporcionado esa biodiversidad y unos alimentos nutritivos de gran calidad que hoy en día pierden sus propiedades al utilizar las semillas como elementos de monopolización de la producción mundial de alimentos.

Shiva reitera que está en la naturaleza de la semilla el nunca agotarse, ya que, puede regenerarse y multiplicarse. Por ello, propugna la necesidad de un cambio ecológico y sostenible, ya que, los sistemas tradicionales agroecológicos utilizan menos tierra, menos agua y menos recursos; y a su vez nos procuran alimentos más sanos y nutritivos, mantienen la diversidad de los cultivos, protegen los ecosistemas y son más resistentes al cambio.

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